Un Manifiesto Petrificado

Es un verdadero deleite encontrar a alguien dispuesto a sumergirse en las profundidades de nuestra memoria de asfalto, tabique y concreto. Como un eterno enamorado de nuestra ciudad, te digo que la Unidad Habitacional Integración Latinoamericana es un manifiesto petrificado. Es el testamento de una época en la que el Estado mexicano soñó con ser el gran arquitecto de la equidad social, y es, sobre todo, la historia de una estirpe de constructores: la familia Sánchez.

El Patriarca y la Semilla: Félix Sánchez Baylón

Para entender los muros que hoy se levantan estoicos frente al metro Copilco, primero tenemos que viajar en el tiempo y hablar del padre: Félix Sánchez Baylón. Nacido en Chihuahua en 1915, en plena efervescencia de la Revolución Mexicana, llegó a la Ciudad de México para estudiar en la Escuela Nacional de Arquitectura en 1938. Su arribo a la capital fue modesto, viviendo en un cuarto de servicio en el centro histórico, pero su visión era monumental.

Baylón perteneció a una generación que no veía el funcionalismo como un simple capricho estético, sino como una herramienta de higiene, justicia y progreso social. Durante la época dorada del "Milagro Mexicano", cuando el país transitaba de lo rural a lo industrial y la capital recibía oleadas de migrantes, el Estado asumió el rol de proveedor. Baylón, trabajando desde el Banco Nacional de Obras y Servicios Públicos (BANOBRAS), fue el artífice de conjuntos que hoy son hitos, como la Unidad Modelo y la Unidad Jardín Balbuena. Además, junto con los arquitectos Raúl Cacho y Eugenio Peschard, diseñó la imponente Torre de Ciencias en Ciudad Universitaria.

"El manual desmenuzaba procesos constructivos complejos en diagramas visuales para que la población rural y obrera pudiera autoconstruir sus hogares con dignidad."

El Crisol de Ideas: La Casa, los Maestros y los "Viernes de Cuba"

Antes de partir, Baylón dejó a su hijo, Félix Sánchez Aguilar (nacido en 1944), inmerso en un ecosistema intelectual inigualable. El joven Félix creció en una casa moderna diseñada por su padre en la calle de La Paz, absorbiendo no a través de imposiciones, sino por ósmosis. Su padre, un hombre que odiaba la corbata y prefería las mangas arremangadas del trabajador incansable, le inculcó que la arquitectura era, ante todo, un acto de responsabilidad civil y de conversación.

Imagínate la escena en la privacidad de esa casa o en los talleres: las tertulias a las que bautizaron como "los viernes de cuba". Entre el humo del tabaco, los hielos chocando en los vasos de ron y el calor de la amistad, el joven Félix escuchaba a los titanes de la época. Por ahí desfilaban su gran maestro Humberto Ricalde y el legendario Mario Pani. La arquitectura se transmitía oralmente; era una hermandad donde los errores se compartían y las ideas se pulían en el yunque de la crítica fraterna.

El Contexto de los Setenta: La Génesis de SAYA y el FOVISSSTE

Llegamos así a la efervescente década de 1970. El idealismo político y la sed de justicia social que habían encendido a los estudiantes en 1968 seguían latiendo en los pasillos de la UNAM. El país estaba bajo el mandato de Luis Echeverría. Como respuesta a la inmensa crisis habitacional, en 1972 se fundaron el INFONAVIT y el FOVISSSTE.

Félix Sánchez Aguilar, tras estudiar una maestría en diseño urbano en la Universidad de Pennsylvania, regresó a México con una visión binacional: el rigor social de la UNAM sumado a las teorías urbanas anglosajonas. Rebelándose contra la figura del "arquitecto genio solitario", fundó en 1973 el despacho SAYA (Sánchez Arquitectos y Asociados) junto a Luís Sánchez Renero, Gustavo López Padilla y Fernando Mota Fernández.

La Obra Maestra: Unidad Habitacional Integración Latinoamericana (1974-1976)

El lienzo era un predio irregular de 10.8 hectáreas (108,450 m²) al sur de la ciudad, en la colonia Copilco, asentado sobre la dramática piedra volcánica del Pedregal de San Ángel. El equipo de SAYA, junto a sus colaboradores, se propuso revolucionar la vivienda social.

"Forzar una bellísima fricción social; querían que familias con distintos ingresos convivieran, se cruzaran en los pasillos y compartieran la vida, evitando la segregación."

Su filosofía fue la "unidad en la variedad". Rechazaron la idea de repetir monótonamente un solo edificio "chorizo" diez mil veces. En su lugar, diseñaron 27 bloques con alturas radicalmente distintas que van desde los cinco hasta los diecisiete niveles. Las imponentes torres Argentina, Brasil y Cuba alcanzaron los 54 metros de altura, dominando el horizonte. Diseñaron prototipos de vivienda que oscilaban entre los 75.00 m² y los 120.00 m², forzando una sana convivencia entre distintos estratos.

Fueron profundamente influenciados por Le Corbusier, pero adaptaron sus ideas a la realidad mexicana. SAYA decidió que el automóvil no dictaría la vida del lugar. Ocultaron gran parte de los estacionamientos techándolos para convertirlos en plazas peatonales elevadas. Esto permitió liberar el suelo, logrando que el 60% del predio fuera un área puramente recreativa.

La genialidad arquitectónica se expresó también en la tipología de las viviendas. Como se documenta en el archivo de Casiopea, en las construcciones de cinco niveles integraron hasta tres tipologías distintas: una vivienda en planta baja concebida como una casa con patio y entrada propia; una vivienda en altura con vestíbulos a medios niveles para garantizar privacidad; y una vivienda dúplex de tres recámaras que funciona como remate compositivo. Pero el mayor acto de brillantez táctica fue la materialidad. Optaron por procedimientos racionales: estructuras de concreto aparente y fachadas de tabique vidriado. Este tabique se convirtió en una armadura contra el clima y el smog, permitiendo que la unidad no requiriera pintura constante y lograra "envejecer con dignidad".

El Quiebre: El Sismo, el Neoliberalismo y la Sucesión

Lo que vino después fue el fin de una era. A partir de los años ochenta, el Estado adoptó políticas neoliberales, replegándose y abandonando su rol de constructor directo. Esto desató la codicia inmobiliaria y la tragedia urbana de las últimas tres décadas: mares de viviendas diminutas, mal construidas y abandonadas en las periferias lejanas de la ciudad.

El sismo del 19 de septiembre de 1985 fue la estocada final para la vieja metrópoli, pero también el momento de mayor nobleza de SAYA, liderando el Programa de Renovación Habitacional Popular (RHP). En lugar de desplazar a los damnificados de los barrios centrales, reconstruyeron vecindades respetando el tejido social original.

El legado de la familia continuó con Javier Sánchez (JSa), quien se enfocó en el reciclaje urbano. Su obra es estéticamente superior y revitalizante, pero se enfrenta a la cruel paradoja moderna: la regeneración urbana que él encabeza atrae capital global y detona la gentrificación, encareciendo la vida y desplazando a las clases populares que su abuelo y su padre intentaron cobijar.

El Presente: El Nuevo Barrio Universitario

Hoy, el entorno de la unidad es conocido como el "nuevo barrio universitario". Aquellas viviendas diseñadas para los burócratas del Estado han transitado hacia un ecosistema vibrante poblado por académicos, investigadores y estudiantes de la UNAM. En foros contemporáneos y redes sociales, la unidad es codiciada; los jóvenes buscan rentar ahí por su seguridad, su insuperable conectividad, la amplitud de sus departamentos y sus áreas verdes inmaculadas. Aunque el fantasma de la gentrificación y el alza en los costos de renta (impulsados por la demanda estudiantil) ronda sus plazas, el conjunto ha sobrevivido al tiempo.

Si caminas hoy por Integración Latinoamericana, alzarás la vista y verás los tabiques vidriados brillando bajo el sol poniente, invictos ante el tiempo. No solo estarás viendo muros y ventanas; estarás contemplando la culminación de los sueños de un joven de Chihuahua que llegó a vivir a una azotea, las risas y debates de los grandes maestros en los viernes de cuba, y la férrea voluntad de una generación que creyó que la arquitectura tenía el poder sagrado de hacernos mejores seres humanos.

Arquitectura
SAYA (Luís Sánchez Renero, Félix Sánchez Aguilar, Gustavo López Padilla, Fernando Mota Fernández)
Colaboradores
Héctor Meza Pastor, Humberto Ricalde González
Construcción
1974 - 1976
Fovissste
Superficie y Población
Lote: 108,450.00 m²
1,460 viviendas
3,780 habitantes
Distribución de Suelo
60% Recreativo
18% Vialidad
16% Habitacional
6% Servicios
Escala y Alturas
27 bloques (5 a 17 pisos)
Torres mayores: 54 m (Argentina, Brasil, Cuba)